martes, 6 de marzo de 2007

Torre de Mabel, la Babel del Cerro Arco


Dicen que la torre de Babel fue el origen de los idiomas. Todo fue por ese anhelo falluto del hombre de querer llegar hasta Dios desde los atributos de la ingeniería y no desde los esfuerzos de la voluntad del amor, como hace dos mil años indicó Jesucristo.

Aún no existen (o quizá no he leído) muchos datos precisos de cómo fue la torre de Babel, pero lo concreto es que este hecho hizo mucho ruido en la historia de la humanidad, a tal punto que uno de los ecos más fuertes de ese ruido se produjo en Mendoza, hace ya unos doscientos años (tampoco tenemos mucha documentación de lo que vamos a exponer, por lo que se considera una leyenda apócrifa, o sea, qué se yo).

Manuel (el 70% de los mendocinos del siglo 19 se llamaban Manuel) Pereyra Cerebro de Chivo Olazábal, conocido bisnieto del primer gallego que visualizó las Cataratas del Iguazú, Alvar Núñez Cabeza de Vaca, vivía en el conurbano de la Plaza de la Fundación, es decir, lo que hoy es la Sexta Sección. Dicen que todos los días miraba a la montaña y decía que si se iba a Chile por ese lado y no siguiendo la línea del río Mendoza-Cacique Guaymallén, se llegaba más rápido. Una mañana se mandó para esa zona, con la idea de fondo de ir a Chile: se cansó en la subida al Challao. Si volvía a Mendoza, la alta sociedad corneta lo acusaría de vago y chabacán, por lo que decidió hacer un esfuerzo más y seguir adelante: allí fue cuando a Cerebro de Chivo Olazábal se le ocurrió la idea más perezosa de su vida, que consistía en subir la montañita más alta que hubiera en la zona y desde allí visualizar todo el camino a Chile que pensaba emprender. Luego, su fábrica de palabras se encargaría de terminar de construir su aventura. Una gesta de la imaginación, después de todo, o sea.

Dicen que un hermoso caracol blanco resplandecía en la tierra seca del pedemonte mendocino. "Hasta me sirve de cantimploras", se dijo. Lo cargó con agua y se mandó hacia el cerro más alto que había en ese lugar. Empezó a subir.

Dicen que al cabo de treinta minutos, el agua del caracol blanco empezó a removerse. Luego, a desprender globitos transparentes, como si estuviera respirando. Asustado, Cabeza de Chivo Olazábal tiró el agua, porque no quería desprenderse del caracol porque...."hello, America, good morning"..."bongiorno principesza"..."achtuagtag nmowiehling"..."alló, c'est Philippe Ledoux, oui c'est moi".

El aventurero mendocino quedó petrificado. Y más aún cuando alzó la vista: una enorme, misteriosa y bella construcción se alzaba hacia un cielo de parapentes. No tenía palabras para expresarlo, o mejor dicho, le sobraban las palabras, porque de repente empezó a hablar en alemán, quechua, comechingonés, guaraní, mongol y esperanto. Los más terribles insultos -que en su casa estaban prohibidos por su mujer huarpe- ahora los podía pronunciar en chino: "ohhhh, qué malolto, che!", entre otros de peso liviano.

Estaba en el cerro Arco y cuando llegó a la cumbre lo que menos hizo fue ver el camino hacia el oeste (otras montañas lo tapaban) y lo que mejor visualizó fue un puesto de chivitos allí abajo, muy cerca de donde había venido.

Nunca se supo si Cerebro de Chivo Olazábal ingresó al edificio y subió, o se quedó haciendo sobremesa con los indígenas del puesto de chivos, la cuestión es que dicen que allí se quedó como un año. Y dicen que cuando apenas regresó fue el famoso terremoto que destruyó toda la ciudad de Mendoza, incluida su vida, la de su familia y también la de ese edificio en el cerro Arco, de la que nunca más se supo.

Sólo quedó una carta a medias, dirigida a su mujer:
"Mabel, al final no fui a Chile porque estaba todo muy caro. Eso es lo que escuché de un hombre que hablaba a través de un caracol en muchos idiomas, que no sé por qué"...

Otros dicen que si bien no existe la Torre de Mabel, en algún rincón pedregoso del cerro Arco se escuchan voces (en distintos idiomas) de extraterrestres de Osiris. "Es la aduana para ingresar a Osiris, no es más que eso", explicó un fanático de Fabio Zerpa y Andrés Calamaro.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Quizas allí tambien se invent{o el "caiate", "guón", "culiao" y "pandito".